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Una bonita sonrisa.

Una bonita sonrisa.

CAPÍTULO 1
A Tania lo de salir por ahí con sus amigos le pareció extraño. En su antiguo pueblo salía por ahí con los padres, y no al pueblo, sino a otras ciudades. Llevaba en Micujado tres meses. Micujado era un pequeño pueblo donde todo el mundo se conocía y no había mucho turismo, por eso cuando alguien venía de fuera, como era el caso de Tania, no era muy bienvenido ya que nadie le hacía caso. De resto, el paisaje era magnífico. En la entrada del pueblo había un bonito arco decorado con rosas entrelazadas y ángeles tallados. Las calles eran de adoquines con pequeñas casas a los lados y todas las calles conectaban con la plaza que era el centro del pueblo. En el centro de la plaza había una estatua de un hombre llamado Jorge Álvarez, quien, antiguamente, había salvado al pueblo de una catástrofe. Alrededor de la estatua había unas macetas con rosas a modo de valla y más alejado bancos de madera. Por fuera de la plaza había cafeterías y pequeñas tiendas. El ayuntamiento estaba en uno de los laterales de la plaza, decorado también con dibujos tallados y alguna que otra estatua. Lo rodeaban algunos jardines de flores. La única escuela que había se encontraba al final del pueblo. Detrás del edificio solo había campos de flores y matas de fresas, frambuesas, etc. Era un lugar muy agradable.
En el colegio todos sus compañeros se burlaban de su forma de hacer las cosas y esto le hacía algunas veces llorar, lo que lo empeoraba y ese día estaba de mal humor. Tania siempre estaba sola en los recreos. Se sentaba en un rincón y empezaba a pensar en recuerdos de su país natal. Si su padre no hubiera conseguido trabajo no habrían ido a Micujado, lo que ella quería, pero también se estarían muriendo de hambre. Sabía que se habían mudado por el bien de la familia pero extrañaba demasiado su país para dar la razón en ello.
De vez en cuando recibía cartas de sus antiguos amigos, lo que le alegraba el día, ya que para ella significaba que no la habían olvidado. Su madre siempre le decía que intentara hacerse amiga de algún compañero de clase ya que tarde o temprano la iban a terminar olvidando. Tania sabía que su madre casi siempre tenía la razón y que en ello lo más probable es que también la tuviera, pero no quería pensar en que unos buenos amigos como aquellos la pudieran olvidar.
Tania tenía dos hermanos más pequeños que ella. El menor, que tenía siete años, se llamaba Kevin y el mayor, que tenía nueve años, se llamaba Cristian. Tania tenía trece años. Normalmente Kevin jugaba con Cristian ya que sólo se llevaban dos años y Tania tenía que ver la tele o jugar ella sola después de hacer la tarea.
Lo que más le gustaba a Tania hacer era dibujar y coser y, como siempre estaba aburrida en su casa, su madre un día la inscribió en clases de dibujo y también de costura. Después de ese día Tania siempre tenía algo que hacer lo que le mejoró su nueva vida.
Tania era alta, morena y con el pelo negro, y tenía los ojos muy oscuros. No es que fuera muy delgada como otras chicas pero no era nada gorda. Siempre llevaba su largo cabello que le llegaba por mitad de la espalda recogido en dos trenzas. No tenía gafas ni aparatos y en su país eso era algo que la afeaba, pero en Micujado las chicas más guapas eran altas, morenas y sin gafas ni aparatos según le había contado su madre pero ella siempre le contestaba:
-No, eso no es verdad, yo siempre he sido fea y siempre lo seré. Eso lo dices porque eres mi madre y tú me ves con otros ojos pero encima que soy extranjera soy fea. No me extraña que mis compañeros no quieran jugar conmigo y me llamen extraterrestre.- y se iba corriendo a su cuarto con los ojos medio llorosos.

CAPÍTULO 2
Tania soñó esa noche que era la más popular del colegio y todo el mundo quería estar con ella. Por eso se puso los vaqueros y una camiseta de manga corta muy feliz. Cuando bajó a desayunar su padres se sorprendieron al verla tan contenta pero no le quisieron decir nada por si acaso metieran la pata. También se subió a la guagua muy contenta y ahí fue cuando se dio cuenta de que todo había sido un sueño ya que nadie corría a sentarse al lado de ella, sino que se alejaban y la miraban con caras raras. Cuando llegó al colegio el timbre tocó casi en seguida lo que le alegró, al contrario que a los demás alumnos. En el momento en que el profesor entró, todo el mundo se calló ya que iban a dar las notas del examen de lengua, pero Tania no sabía esto:
– Señorita Tania- dijo el profesor Eugenio.-Por favor, venga.
-Sí- dijo con voz temblorosa mientras se levantaba a su mesa.
-Ha sacado la nota más alta- dijo con firmeza- estoy orgulloso.
-Pero… ¿en qué Don Eugenio?-preguntó Tania algo desconcertada.
Ahora Don Eugenio ya no tenía una media sonrisa dibujada en la cara, por lo que Tania pudo adivinar que se trataba de algo en lo que no había prestado atención. Hubo un silencio incómodo en toda la clase que fue roto por el profesor:
-Bueno, dejemos esta charla para después. Que sepa que tiene un nueve setenta y cinco en el examen de lengua. Siéntese.
Tania no le dejó ni acabar la frase. Inmediatamente se dio la vuelta, se sentó en su sitio y bajó la cabeza. El profesor siguió dando las notas.
Cuando llegó el recreo el profesor le pidió que se quedara un rato para hablar con ella:
-¿Con quién juegas en los recreos?-le preguntó inesperadamente, lo que desconcertó a Tania y no habló al momento, sino después de unos segundos.
-Con nadie-contestó con un hilo de voz-juego yo sola. Suelo pensar en mi pasado.
-Lo que suponía- susurró Don Eugenio-eso te afecta en las clases ¿verdad?
-No sé… puede que sí-habló un poco temblorosa ya que sabía que su profesor tenía razón-yo nunca he sido brillante en las clases.
-Bueno, a partir de ahora intenta jugar con tus compañeros ¿vale? Así sabremos si es eso o no.
-Lo intentaré- dijo, y con la misma se dio la vuelta y salió de la clase en dirección al patio.
Una vez en el patio se dirigió al rincón donde solía pasar los recreos. Cuando por fin estuvo allí se acomodó bajo un gran árbol que había y empezó a leer un cómic que le había dado su madre para que no se aburriera en los recreos. De repente una voz interrumpió su imaginación:
-Ho…hola-dijo.
Tania levantó la cabeza del libro muy sorprendida de aquella presencia.
-Hola-pudo decir después de una larga pausa. Cuando Tania lo miró a la cara pudo ver una preciosa sonrisa que le transmitía paz y tranquilidad, lo que le dio confianza para seguir hablando- ¿Quién eres?
-Soy Julio-contestó- he visto que en los recreos siempre estás sola
-Sí, pero no me importa-afirmó Tania-además ¿qué te importa a ti eso?-Cuando Tania observó la cara del chico comprobó que se había pasado un poco y siguió-Lo siento. Es que hoy estoy de mal humor.
-Supongo, aquí los nuevos no son bien recibidos-dijo con la voz más tranquilizadora que Tania había oído-bueno, quería decirte que puedes jugar conmigo.
A Tania se le alegró la cara y pegó un salto para ponerse en pie dejando caer el cómic al suelo y arrugándolo así entonces.
-¿En serio?- preguntó con la voz más alegre que le había salido desde que estaba allí-¡gracias! ¡Muchísimas gracias! No sabes cuánto te lo agradezco.-Y si no hubiera sido porque tocó el timbre le habría dado un abrazo allí mismo.
Al salir de clase a las una y media del mediodía, antes de coger la guagua para ir a casa, buscó a Julio por todo el patio. Después de quince minutos buscando, al fin lo encontró en la biblioteca y le pidió que saliera, ya que allí no se podía hablar:
-Te he buscado por todas partes-dijo Tania algo cansada-¿no te vas en guagua?
-No, suelo ir caminando y por eso a veces me quedo adelantando la tarea.
-Bueno, a lo que iba. ¿Me das tu correo electrónico? Así podremos hablar durante el fin de semana.-le pidió Tania, y justo después de terminar de apuntarlo salió a toda pastilla
corriendo hacia la guagua.
Esa misma tarde, después de comer, habló con Julio por correo electrónico. Cuando su madre vio que estaba hablando con alguien que no eran sus antiguos amigos no pudo evitar preguntarle:
-¿Has hecho ya amigos en el colegio?
-No-respondió Tania con firmeza.
-Entonces… ¿con quién estás hablando?-preguntó la madre en tono de ya saber la respuesta.
-Ah…no es nadie-dijo con voz de mentira- bueno, quizás sí que he hablado con un compañero.
-Me alegro. ¿Por qué no vais mañana al parque…?
-¡Es una idea estupenda! Gracias mami
Al día siguiente, Tania se levantó más alegre que nunca. Se puso corriendo los vaqueros y con la misma salió por la puerta y se hubiera ido sin desayunar si su madre no la hubiera parado. Habían quedado a las diez y Tania estaba allí desde las nueve y media. Cuando por fin apareció, eran las diez menos diez. Tania se alegró mucho al ver a Julio allí diez minutos antes. Para ella significaba que él también estaba ilusionado.
-Hola- dijo con la misma sonrisa con la que le había mirado el primer día que se habían visto.- ¿llevas aquí mucho tiempo? Espero no haberme retrasado.
-¡Qué va! Soy yo la que ha llegado media hora antes.-dijo riéndose.
-Podemos dar una vuelta mientras hablamos. Así nos conoceremos mejor.
Tania le contó de toda su vida: en los colegios que había estado, su familia, los idiomas que hablaba… Pero en cambio él no le contó nada de su vida, sino que se dedicó única y exclusivamente a escucharla. Esto le pareció a Tania una falta de educación, pero pensó que podría haber sido la timidez.

CAPÍTULO 3
El lunes en el colegio, Tania llegó muy justo a clase lo que por primera vez en Micujado no le alegró. En el recreo Tania pensó que Julio era de esos que un día te apreciaban y al siguiente te dejaban colgada, ya que no apareció. Aunque al mediodía ella lo siguió esperando, siempre en el mismo rincón: el árbol donde se habían encontrado por primera vez. Cuando Tania ya había perdido la esperanza vio a Julio medio escondido lo que le hizo entristecerse más pero fue a preguntarle:
-¿Por qué estás medio escondido? Es que no quieres que te vea alguien ¿cierto?- dijo con la mirada hacia el suelo.
-¿Crees que te he dejado colgada? me estoy escondiendo de Pablo. Me quiere pegar y como mi madre me vea con moratones le tendré que dar explicaciones que no quiero dar.
Tania se sonrojó de vergüenza y no dijo nada, se dio la vuelta y se fue. Para su sorpresa, Pablo la siguió. Al ver una silueta en el suelo se dio la vuelta. Pablo preparó el puño y cuando se dirigía a pegarle se oyó una voz que venía de lejos:
-¡Déjala en paz!
Pablo que tenía a Tania en alto cogida por la camisa la soltó y ésta cayó al suelo, lo que hizo un ruido tremendo y todo el mundo se volvió hacia el inesperado acontecimiento.
-¿Es que tienes algún problema de que no te pegue a ti a tu querida amiguita sí?-le gritó Pablo mientras giraba la cabeza hacia Julio.-Como no te vayas de una maldita vez por todas te las vas a ver conmigo.
Julio tenía la mirada fija en los ojos de Pablo. De repente Pablo miró hacia el reloj y se fue corriendo. Todos quedaron asombrados de este gesto. Julio se dirigió a Tania con la sonrisa que le gustaba a ésta dibujada en la boca:
-Espero haber llegado a tiempo. ¿Estás bien?-dijo mientras la ayudaba a levantarse.
-Has estado espectacular. ¡Muchísimas gracias!-exclamó-La verdad no me esperaba que me fueras a salvar sabiendo que acabarías con moratones
Tocó el timbre y todo el mundo, que se había callado por completo, entró a clase con el mismo ruido de siempre.
Tania por la noche pensó mucho en aquella sonrisa que cada vez que la veía se sentía mil millones de veces mejor. Era como si la sonrisa se introdujera en ella y le susurrara bonitas palabras para que se tranquilizara. Ya era la segunda vez que la veía y creyó que algo tenía de especial. A media noche se despertó chillando ya que había tenido una pesadilla, se intentó dormir otra vez pero fue imposible estaba demasiado asustada e intranquila. Después de cinco minutos intentando dormirse se le ocurrió pensar en aquella sonrisa y, efectivamente, dio resultado, casi se durmió al instante.
A la mañana siguiente se despertó muy tranquila. Ya no creía que había algo especial en la sonrisa, ahora lo sabía. Ya solo quedaba averiguar por qué sentía aquello, qué era exactamente lo que transmitía.
-Buenos días mami-dijo mientras bajaba por las escaleras a desayunar.
-Buenos días cariño. Ya tienes un amigo, ¿verdad?-comentó con firmeza y esto hizo que Tania no pudiera guardarlo más tiempo en secreto- es un chico llamado Julio que te trata muy bien.
-Sí, me trata genial, y también me defiende cuando ve que me van a hacer algo malo.-contestó Tania un poco introducida en sus sueños- Además, tiene la mejor sonrisa que haya visto en mi vida.
-¿Te has enamorado de él?
-¿Yo? ¡No, qué va!, solo me gusta su sonrisa. De eso puede pero de él no- dijo Tania no muy segura de lo que decía.
En el colegio se puso a pensar cómo lo había averiguado, pero no pudo pensarlo detenidamente ya que enseguida apareció Julio diciendo con la sonrisa dibujada en la boca:
-Hola… eeehhh…quería comentarte…
-Sí, dime, soy todo oído.-dijo Tania muy interesada
-Mira últimamente he estado pensando en ti y…
Tania no le dejó acabar la frase, enseguida se ilusionó y dijo:
-¿Has pensado en mí? Oh, Julio ha pensado en mí. Y… ¿en qué has pensado?
-Eso te lo iba a decir ahora… vaya, ha tocado la sirena, te lo digo luego, ¿vale? No quiero llegar tarde a clase.
-Pero… espera… -murmuró Tania muy decepcionada ya que deseaba oír lo que le quería decir Julio. A continuación se fue ella también a clase detrás de todo el mundo y triste.
Al mediodía Julio buscó a Tania por todo el patio varias veces pero no la encontró, lo que le llevó a preguntarle a un profesor:
-A Tania se la han llevado al hospital porque se sentía demasiado mal. Casi no se podía ni levantar del sillón de la enfermería.
-¿Qué? ¿Al hospital? Gracias señor Martín. Adiós.
Cuando acabaron las clases Julio salió corriendo hacia al hospital. Cuando llegó preguntó por Tania pero estaba en observación y no se podía entrar a su habitación. Decidió entonces volver el viernes al mediodía y esperar, además, seguro que el viernes estaría recuperada y podría hablar con ella mucho mejor.

CAPÍTULO 4
El viernes en el hospital Julio descubrió que había sufrido un ataque de corazón y no podía hablar tampoco con él ese día pero él si le habló hasta que vinieron los médicos con el otro corazón, ya que le iban a hacer un trasplante de corazón:
-Tania lo que quería decirte aquella vez es que…-hizo una pequeña pausa antes de continuar, como para darle más emoción- eres la mejor persona que he conocido en mi vida y… bueno… yo… te quiero.-dijo al final. A Tania se le alegró la cara y dijo como pudo:
-La verdad es que yo también te quiero. Además esa sonrisa tan sincera que a veces se te dibuja en la cara es… lo mejor de lo mejor.
Julio volvió a poner aquella sonrisa de la que Tania no había podido desvelar el misterio mientras le cogía la mano, se la ponía en el pecho y le daba un beso en la frente. Se quedaron mirándose a los ojos, Julio con su sonrisa y Tania intentado poner la sonrisa que se le dibuja en el corazón, un buen rato hasta que oyó un pitido que Julio reconoció. Era la señal de muerte de Tania.
-¡No! ¡Tania no te mueras! ¡No me dejes! ¡Te quiero!-dijo llorando en su mano mientras apoyaba su cabeza en el corazón de Tania, pero era demasiado tarde para hacer nada. Tania había muerto. Inmediatamente Julio se murió encima de ella.
Al menos Tania vio una última vez la bonita sonrisa de Julio ; ambos están reunidos en la muerte.

Daniela Marrero Polegre. 2º E.S.O E