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Entrevista a Rafael Estrada

 

1.    Todavía hay quien cree que los cómics, o el libro álbum, no son propiamente literatura, porque el predominio de la imagen sobre la palabra les hace creer que es menos importante…  ¿Qué les dirías?
 

Que están equivocados. Un cómic y un álbum ilustrado parten de un guión y un texto que es literatura, ya que surgen de la mente de un escritor. Las imágenes los complementan y nace así algo distinto, más rico: una mezcla de literatura, ilustración y cine. Para los que consideran el cómic como un arte menor, les diría que leyeran Bloodstar de Richard Corben/Robert E. Howard, Mort Cinder de Alberto Breccia/Héctor Oesterheld o La balada del mar salado de Hugo Pratt, por citar sólo tres obras maestras con escritores de renombre a pie de guión. De ésta última puede leerse por un lado la novela y por otro el cómic, porque el autor dominaba ambos registros: la experiencia es diferente, pero no es ni mejor ni peor. Un cómic y un álbum ilustrado son más que literatura,
 

2.    Comentas que todo cuanto sale de tu cabeza es heredado, ideas que vienen de la motivación que otros te han dado (aunque no hay más que ver la magia que sale de tus manos para saber que algo tienes que ver en todo esto), aquellos que en definitiva han influido en ti … ¿Hay algún maestro o maestra entre ellos?

Lo que quiero que se entienda es que el artista no nace, que se va haciendo a medida que aprende y es estimulado por quienes van por delante de él. Sin ellos, seguramente, yo estará haciendo otra cosa. Siempre cito a Richard Corben, porque ha sido quien me ha hecho ver las inmensas posibilidades que encierran la ilustración y el cómic. Después de leer una de sus historias, puedes dejar de mirar las páginas, pero la fuerza y la vitalidad de sus personajes permanecen en tu memoria como si se resistieran al olvido. Todavía te miran con esa intensidad desde alguna de las viñetas. Y es que Corben tiene el don de conceder personalidad y ganas de vivir a sus dibujos. Moebius, Berni Wrightson, Frank Frazetta, Roger Dean y Rodney Mattews, por citar algunos, han influido muchísimo en mi trabajo, aunque sé que me dejo un montón. La última influencia que recuerdo es Princesas olvidadas o desconocidas de Rébecca Dautremer/Philippe Lechermeier. Ese álbum es arte y literatura íntimamente unidos.

3.    ¿Cómo llegaste al mundo de la ilustración?

Empecé en esta profesión como dibujante/guionista de cómics, pero después del boom del cómic de los años 80, vino el bajón en la década de los 90 y tuve que reciclarme. Aproveché los cuentos que les contaba a mi sobrina y a mi hija para dar el paso. Fueron ellas, tan chiquititas, las que me dijeron con sus ojos maravillados y sus sonrisas, que tenía algo que hacer en el mundo de la Literatura Infantil  y Juvenil. Los sentimientos y las emociones de los niños no mienten. Una vez más fueron otras personas las que me indicaron el camino. Alba y Elia, creo que no saben cuánto les debo y la tremenda influencia que han ejercido en mí.
 

4.    ¿Qué particularidad tiene ilustrar para niños y niñas?

 

Es mucho más gratificante que ilustrar para adultos, ya que permite una mayor libertad. Puedes soltarte y dibujar como quieras, porque sabes que ellos lo van a entender. Los adultos, en cambio, valoran, interpretan y ven intenciones ocultas donde sólo hay dibujos. Siempre lo complican todo con sus conocimientos que tienen que mostrar y sus prejuicios. A una ilustración hay que asomarse con los ojos muy abiertos y la mente vacía.

5.    Sabemos que La isla del tesoro ha sido una lectura fundamental para ti, si tuvieras que ilustrar un clásico… ¿sería éste?

Sería estupendo poder ilustrarlo, pero creo que ya lo han hecho mejores ilustradores que yo y estoy convencido de que no aportaría gran cosa. La isla del tesoro me enseñó a escribir con sencillez y a colocar cada cosa en el lugar correspondiente. Casi todos mis libros están narrados de forma lineal por ese motivo. En algún sitio leí que Stevenson releía sus historias para recortarlas, buscando y suprimiendo repeticiones, eliminando lo que no aportaba nada a la historia aunque fuera brillante. Es doloroso, pero siempre que termino un libro sigo su ejemplo y hago lo mismo. Si tuviera que ilustrar un clásico elegiría, tal vez, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, del mismo autor o Caperucita Roja, la primera versión, la de Perrault. Ninguna de las dos sería apta para niños.
 

6.    ¿Podrías recomendarnos tres lecturas que consideres imprescindibles y explicarnos por qué?

Matilda, de Roald Dahl: Es un libro lleno de humor, en el que el autor critica la estupidez de una familia corriente, que no hace otra cosa en la vida que ver la tele y absorber los valores que esta transmite. Es la familia de Matilda, una niña inteligente y sensible, que quiere entender el mundo de otra manera. Roald Dahl siempre se pone del lado de los niños, contra los adultos, y eso es algo que ha calado en mi forma de escribir.
Momo, de Michael Ende: Un libro mágico, una fábula que muestra lo manipulada que está la sociedad. Momo es una niña vagabunda que sabe escuchar, el secreto está en sus ojos que invitan a hablar: y los personajes hablan sobre sus problemas, sus dudas, y ella escucha sin emitir juicios ni condenar. Entonces comprenden lo que deben hacer, aunque ella no haya dicho nada o precisamente por eso. Un día aparecen los hombres grises…
 La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson: El mejor libro de aventuras que he leído. Jim Hawkins se ve envuelto, por accidente, en la búsqueda del tesoro de unos temibles piratas, e irá conociendo personajes más o menos singulares y amenazadores, pero de una manera que un niño es capaz de manejar. La estrella de los personajes es, sin duda alguna,

John Silver el Largo, de quien no puedo decir nada más para no destripar la historia.

Gracias Rafael

Gracias a vosotras.

 

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